Higiene postural

Higiene postural

Higiene postural

Básicamente durante toda mi vida he realizado alguna actividad física. Años de TaeKwanDo, jugué voleibol, frontón, bailé danza regional, he hecho crossfit, tocho bandera, he corrido dos maratones, etc, etc, etc… pero no fue hasta que comencé la práctica de Hatha Yoga que reconocí mi cuerpo y comencé a tomar conciencia de él. 


Por supuesto, que en todas mis prácticas ponía atención a darle cierto “mantenimiento” y “prevención” para no sufrir lesiones y estar fuerte y ágil, pero en realidad no lo hacía a profundidad, ni con conciencia. Es decir, hacia el común denominador: calentaba articulaciones, venía el climax del entrenamiento y al final un poco de estiramiento; lo  normal que todos “sabemos” que debe hacerse cuando se trata de actividad física. Pero, ¿sabías qué las lesiones, e incluso muchas enfermedades crónicas degenerativas tienen raíz en la postural?


¿sabías qué las lesiones, e incluso muchas enfermedades crónicas degenerativas tienen raíz en la postural?


Te cuento más, decían los griegos que “la belleza del cuerpo estaba en la simetría del mismo”.  Y es que sí te miras en el espejo podemos reconocer que lo más visible de nosotros lo tenemos en par: dos ojos, dos fosas nasales, dos orejas, dos brazos, dos manos, dos piernas, dos pies; todo ello sostenido en un eje central: la columna vertebral que como centro, y apoyada por todos los músculos, resguarda los órganos vitales desde el corazón hasta el colón. Y te preguntarás: ¿Qué estás tratando de decir con todo esto? Estoy tratando de guiarte para que reconozcamos que nuestro cuerpo es una máquina perfectamente diseñada, tiene la mejor ingeniería para ser una máquina funcional. Los huesos son toda la base, literal el esqueleto de la máquina. Y los músculos el recubrimiento y protección del esqueleto y del motor: el core. 


Nacemos con todo en el lugar asignado para desarrollarse y ser funcional. El diseño original de nuestra máquina tiene especificaciones detalladas acerca de la elongación de la columna, el espacio entre cada vertebra, la medida casi simétrica de los brazos y las piernas. Las articulaciones están diseñadas para darnos movilidad y flexión1. Cuando bebes naturalmente todo es flexible y al mismo tiempo el cerebro de la máquina tiene el manual de las medidas y especificaciones de desarrollo para seguir siendo la  máquina perfecta y funcional. Sin embargo, nuestros hábitos de vida: la activación física, la alimentación, el trabajo, el descanso, la vestimenta, el calzado, etc., hace que las especificaciones en la alineación vayan modificándose para seguir funcionando sacrificando la simetría y los espacios.  


Por ejemplo, lo natural, según los estudiosos de los huesos, es que la columna vertebral tenga 4 curvaturas: 2 dirigidas hacia fuera del cuerpo llamadas cifosis, ubicadas en el dorso y el sacro, y 2 dirigidas hacia adentro llamadas lordosis, ubicadas en la región lumbar y las cervicales. Estás curvaturas ayudan a que como centro del cuerpo la columna tenga la flexibilidad, flexión y resistencia para sostener el core y dar origen a las extremidades que nos permiten movernos: brazos y piernas. Si nuestra columna fuera una línea perfectamente recta, sería inflexible y se rompería en cualquier intento de tocar el piso con las manos2.


Ahora, imagina que la perfección de diseño de esas curvas y espacios es alterada por la forma en que nos paramos, nos sentamos, nos estiramos. Un ejemplo clásico, en mi familia me decían que había que estar derechos al estar de pie, eso era: sacar el pecho, meter la panza y sacar las pompis. Cambiaría sacar el pecho por abrirlo, extenderlo como si quisiera que mis pulmones pudieran meter más aire. Meter la panza, ¡bien¡, es sostener el ejercicio de activar el core (después hablaremos de ello), pero ¡oh, oh! ¿sacar las pompis? Sacar las pompis hace que poco a poco vayamos pronunciando la curvatura de lordosis, desbalanceando la carga de trabajo de la curva, generando un estrés a la zona y modificando la forma de carga.


Otro ejemplo, pasar sentados las 8hrs diario de trabajo que pide la Ley Federal del Trabajo. Sentados en la misma curvatura dejándole caer todo el peso de la parte superior. Y no conforme con ello, jorobando la espalda alta (cifosis) porque es pesado sostenerse derecho durante tanto tiempo, requiere tener fuerte el core para no cerrar los hombros y dejar caer el pecho. 


Vayamos a otro más, el inadecuado uso de calzado. No hablaremos de los tacones porque se pondría peor la cosa, solo pensemos en tener los pies encerrados todo el día, sin libertad para que los huesos de los dedos se expandan en cada pisada. 


Casi todos nuestros hábitos van condicionando al cuerpo, haciéndolo chiquito, llevándolo a encogerse ...


¿Te das cuenta? Casi todos nuestros hábitos van condicionando al cuerpo, haciéndolo chiquito, llevándolo a encogerse, a desbalancearse, obligando al esqueleto a re-ajustarse. Al final, es sabio y lo que hace es adaptarse para seguir viviendo con los recursos que cuenta, pero las consecuencias irán apareciendo poco a poco. Revisemos esto más a detalle retomando el caso de estar sentados todo el día e ir jorobando la espalda. Ya dijimos que los hombros se van hacia delante forzando a los músculos de la espalda a estar sobre-estirados, al mismo tiempo que cierran el pecho y la cavidad pulmonar e intestinal se ve poco a poco reducida. Entonces el estómago y los intestinos tienen durante 8 horas espacio reducido para funcionar porque siguen trabajando aunque a marcha forzada y tarde o temprano enviarán las señales de desacuerdo y con el mejor de los casos el estreñimiento será la primer señal, misma que se irá haciendo recurrente y entonces en lugar de desechar lo que no nos sirve, lo vamos almacenando por mayores lapsos de tiempo y llegará el día en que el cuerpo este cansado, y bueno, ¿lo puedes ver? Es una cadena de reacciones.


Tranquilo, lo sé. Suena aterrador. Y lo es. Pero así de aterrador tenía que sonar para que pudiera transmitirte la importancia de concientizar acerca de la postura. No se trata de que estemos espantados todo el día haciendo un análisis de oportunidades para corregir cada mala postura. El único objetivo, es que tomemos acción y empecemos los cambios, así que si te hace sentido todo lo que te he compartido no esperes a realizar el entrenamiento para tomar conciencia, empecemos con estos consejos para tener higiene en nuestra postura y ayudarle al esqueleto, liberemos su carga.


Conciencia en cada postura: en medida de lo posible, date un par de minutos en tus actividades diarias para analizar cómo está tu postura. Sí vas en el transporte de pie porque no alcanzaste lugar, pon atención en tus pies, identifica dónde está el peso de tu cuerpo, lo mismo si estás sentado. Y sin más que tu propia sabiduría corrige tu postura buscando balance.



Sedentarismo oficinesco: si eres del club Godín o home office que pasa horas frente a la computadora, cada hora de preferencia dale un respiro a tu columna y estírate. Levántate, sube los brazos, mueve el esqueleto detrás de tu silla de trabajo. Nada del otro mundo, solo levántate para cambiar la postura y dale un gran respiro a tu cuerpo. 



Demasiadas horas de pie: si eres de los que realiza actividades de pie durante muchas horas, ayúdate de una silla donde puedas ponerte en cuclillas. Soportar tu peso en las rodillas y muslos aligera la carga.


Idealmente, todos los seres humanos deberíamos sentirnos y hacer las acciones que el cuerpo nos pide. Él es sabio, solo que muchas ocasiones no lo escuchamos con atención hasta que desesperado nos grita con alguna dolencia. 


1. Bertherat, T. y Berntein, C. 1976. “El cuerpo tiene sus razones”


2. Coulter, D. 2011 “Anatomía del Hatha Yoga”

Daniela Nolasco
Daniela Nolasco

Entrena tu mente, transforma tu cuerpo

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